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Leer para vivir

Un día leí un libro y toda mi vida cambió.” Con esta maravillosa frase — quizá la mejor del libro— comienza La vida nueva, la única obra que he leído del reciente premio Nobel de literatura, Orhan Pamuk. Un sólo libro cambió la vida del protagonista de esta novela ambientada en Turquía, pero muchos libros, leídos con gusto, pueden cambiar también la nuestra. “Nacemos para saber, —escribió Gracián— y los libros con fidelidad nos hacen personas”. Los libros cambian nuestras vidas porque ensanchan nuestra imaginación al fundirla con la de sus autores.

Quien no haya pasado muchas noches de su infancia y adolescencia leyendo furtivamente en la cama a la luz de una linterna, puede descubrir al llegar a la Universidad que se ha perdido algo realmente importante. Pero, como tantos otros universitarios, puede congratularse de que ha hecho, justo a tiempo, el descubrimiento que cambiará su vida, ya que a los 18 años todavía no se ha calcinado totalmente su imaginación a pesar de haber seguido durante años una dieta unilateral de televisión. Cuando viajo en avión compruebo siempre que hay dos tipos de seres humanos claramente diferenciados: unos que, cuando no duermen, comen o miran a la pantalla, hacen sudokus y crucigramas para disipar su aburrimiento y otros que disfrutan viajando porque van leyendo maravillosas novelas.

La pasada semana tuve ocasión de cenar en un hotel de cinco estrellas en Palma de Mallorca, soberbiamente decorado, que había sido totalmente renovado pocos meses antes. Estuve admirando las magníficas colecciones de armas y de soldaditos de plomo que adornaban muchas de las paredes. En mi recorrido, encontré una sala que ostentaba en la puerta el letrero “Biblioteca”. Me asomé y pude ver una mesa muy elegantemente preparada para una reunión de gente importante. Me acerqué a la única estantería que había y tomé uno de los libros: para mi sorpresa descubrí de inmediato que eran sólo decoración, cajas de cartón vacías pintadas por el lomo para que parecieran libros.

La biblioterapia, la curación a través de la lectura, tiene una eficacia comprobada. “Aplíquese este libro en la parte enferma del paciente, y la cura puede ser milagrosa”, dejó escrito Leopoldo Marechal. Quien no sepa qué leer puede asomarse a la sección PLC de las Salas de alumnos de la Biblioteca de la Universidad. PLC significa “Para Leer en Casa” y en esa sección podrá encontrar varios millares de joyas literarias antiguas y recientes capaces de cambiar por completo su vida porque —como escribió Belén Gopegui— “leemos para vivir”.

Jaime Nubiola

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